A los enemigos del fútbol :

Hay un tipo de antifutbolero, muy extendido, que hace de su militancia contra el fútbol el argumento máximo para defender su SUPUESTA inteligencia.

miércoles, 26 de enero de 2011

Entre metrosexualidad y mariconerías



Por Félix Fernández

Recuerdo, cuando la metrosexualidad comenzaba a invadir el futbol profesional, ser parte de un plantel en el que el vestidor se confundía con un camerino antes de los partidos: 4 o 5 jugadores dedicando tiempo a su embellecimiento previo a las cámaras; uno colocándose lentes de contacto de color, otro rizándose el pelo, uno más perfumándose, el resto acomodando las cintas del cabello o las pulseritas con mucha precisión. Quizá lo único que faltaba en ese momento eran los focos alrededor del espejo, cuando quizá lo indicado sería realizar estiramientos, repasar movimientos y generar adrenalina con el olor a sudor y presión que se desprende en esos instantes... ¿Mariconerías?

Lo cierto es que nuestro entorno social y nuestra vanidad se van incrementando de tal forma que ya no nos basta lo que antes nos era suficiente. Un día comenzamos a desarrollar obsesiones y mañas, que pronto se convierten en mariconerías.

Entre la infancia y la adolescencia cultivamos amistades tan fuertes que influyen en nosotros de manera sólida, al menos hasta que otras circunstancias les desplazan: así aprendimos a vestirnos sencillo, a peinarnos con las manos, a viajar en transporte colectivo, ligeros de equipaje, a escuchar rock and roll y a divertirnos sin dinero. De la misma forma empezamos a jugar futbol con un solo par de zapatos, sin bañarnos después, a lavar nuestros uniformes, a enrollar nuestras vendas y a cambiarnos a un costado de la cancha, sin vestidor. En ese entonces las mariconerías no cabían, aunque ya se encontraban en la etapa del deseo.

José Bleger, en "Psicología de la conducta", establece 3 "series complementarias" de causas que no actúan independientemente, lo que actúa es la resultante de su interacción. La primera se da por factores hereditarios y congénitos; la segunda por las experiencias infantiles. La tercera por factores desencadenantes o actuales. En otro texto Bleger se refiere a una cuarta serie que se relaciona con las expectativas sobre lo que cada persona quiere llegar a ser o a hacer. Estas "series complementarias" están presentes en toda conducta.

Poco tiempo después la metrosexualidad en el futbol estableció que era necesario quitarse el vello del cuerpo, para lo que algunos vestidores contaban con una rasuradora común; conducta (¿o mariconería?) con la que todo jugador debió estar de acuerdo y convencerse.

Metrosexualidad o mariconerías, no importa, lo cierto es que los patrones de conducta, en teoría, pretenden distinguir a cada uno de inicio, o al menos esa es la intención; pero terminan por camuflar e igualar en las costumbres y modas a esta determinada población que se llama: futbolistas.




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