A los enemigos del fútbol :

Hay un tipo de antifutbolero, muy extendido, que hace de su militancia contra el fútbol el argumento máximo para defender su SUPUESTA inteligencia.

martes, 1 de noviembre de 2011

This is the end of the road...


Bueno no era un secreto , lo evidente se hizo oficial : simplemente se me acabaron los ánimos - y la inspiración- de seguir con esto. Así que de momento este proyecto pasa a mejor vida , aunque uno nunca sabe , quizá algún día un apocalipsis de muertos vivientes haga que los restos de este blog se levanten de su tumba a perseguir el alma maldita del Real Madrid , de CR7 o hasta incluso el mismísimo Club América.

Por lo pronto agradezco a los lectores de mas de 20 países diferentes que hicieron posible 16 000 entradas.


Andric.

jueves, 28 de abril de 2011

LA ERA GUARDIOLA


Una cosa es ser exitoso y otra muy distinta es ser ejemplar.
Aquí algunas muestras:

Maná es el grupo mexicano más exitoso de los últimos 20 años pero eso no quiere decir que su música tenga calidad o haya marcado alguna tendencia. Pasa lo mismo con muchos programas de Televisa y TvAzteca. Son exitosísimos, sí, más no por ello dejan de ser un monumento al mal gusto y la estupidez.Tipos como Don Francisco y el “Teacher” López Doriga sin duda son exitosos, pero ¿te gustaría ser como ellos?

Lo mismo aplica para muchos altos ejecutivos y hombres de negocios. Tienen un Audi con chofer en la puerta, casa en Valle de Bravo y versión Platino en todas sus tarjetas. Son exitosos, hay que aceptarlo, pero ni sus maestrías y doctorados o todo el dinero que han ganado a lo largo de los años son suficientes para borrarles la cara de pendejos.

Con José Mourinho pasa algo muy similar: ha ganado casi todo pero no hay mucha gente que admire la forma en que juegan sus equipos; menos aún que la respeten. ¿Quién extraña al Inter de Milán que ganó la Champions el año pasado? Absolutamente nadie.

Se extraña, y mucho eso sí, al Real Madrid espectacular de la época de Vicente del Bosque. O ya de perdida a los de Fabio Capello y Pellegrini. Porque del Real Madrid de ahora, ese que ha intentado doblegar al mejor equipo del mundo con un juego timorato diseñado para no recibir gol y buscar anotar a base de pelotazos, no se quiere acordar nadie. Cosa que sí sucederá con éste Barcelona dentro de 5, 20 ó 50 años. Incluso aunque no consiguiera ganar la Champions.

Otra cosa que podemos dar por hecho es que Mourinho seguirá cosechando títulos con equipos grandes hasta convertirse en el entrenador más exitoso... en la era de Guardiola.

miércoles, 13 de abril de 2011

lunes, 28 de marzo de 2011

como queriendo revivir...(el blog)


Unos 'barrabravas' del club colombiano Cúcuta Deportivo burlaron la seguridad del estadio de esa ciudad e ingresaron un ataúd con el cadáver de un hincha del equipo, asesinado el sábado por sicarios, mientras se disputaba un partido del torneo profesional, informó el lunes la Policía.

"Lamentablemente, el domingo se presentó este incidente en el que una barrabrava logró burlar la seguridad del estadio General Santander e ingresó el ataúd con el cadáver del joven Cristopher Jácome, de 17 años, quien fue asesinado la noche anterior", dijo el coronel Álvaro Pico, de la Policía local.

Según el oficial, integrantes de la barra El Indio, a la que pertenecía el joven asesinado, llegaron el domingo hasta su casa, donde era velado y, al parecer en estado de embriaguez y con la autorización de la familia, decidieron llevarse el féretro hasta las inmediaciones del estadio.

"Fue un verdadero gol el que estos jóvenes nos metieron a las autoridades de la ciudad, pues no sólo ingresaron un muerto al estadio durante la presentación de un evento deportivo sino que los mismos integrantes de estas barras tenían prohibida su entrada por indisciplina", concluyó Pico.

Según la Policía, Jácome fue baleado la noche del sábado por sicarios mientras disputaba un partido informal de futbol en un parque de la ciudadela La Libertad, una barriada pobre del sur de Cúcuta (580 km al noreste de Bogotá).

Cúcuta Deportivo empató 1-1 frente a Envigado en el desarrollo de la octava fecha del Torneo Apertura 2011 del futbol profesional colombiano, disputada este fin de semana

miércoles, 26 de enero de 2011

Entre metrosexualidad y mariconerías



Por Félix Fernández

Recuerdo, cuando la metrosexualidad comenzaba a invadir el futbol profesional, ser parte de un plantel en el que el vestidor se confundía con un camerino antes de los partidos: 4 o 5 jugadores dedicando tiempo a su embellecimiento previo a las cámaras; uno colocándose lentes de contacto de color, otro rizándose el pelo, uno más perfumándose, el resto acomodando las cintas del cabello o las pulseritas con mucha precisión. Quizá lo único que faltaba en ese momento eran los focos alrededor del espejo, cuando quizá lo indicado sería realizar estiramientos, repasar movimientos y generar adrenalina con el olor a sudor y presión que se desprende en esos instantes... ¿Mariconerías?

Lo cierto es que nuestro entorno social y nuestra vanidad se van incrementando de tal forma que ya no nos basta lo que antes nos era suficiente. Un día comenzamos a desarrollar obsesiones y mañas, que pronto se convierten en mariconerías.

Entre la infancia y la adolescencia cultivamos amistades tan fuertes que influyen en nosotros de manera sólida, al menos hasta que otras circunstancias les desplazan: así aprendimos a vestirnos sencillo, a peinarnos con las manos, a viajar en transporte colectivo, ligeros de equipaje, a escuchar rock and roll y a divertirnos sin dinero. De la misma forma empezamos a jugar futbol con un solo par de zapatos, sin bañarnos después, a lavar nuestros uniformes, a enrollar nuestras vendas y a cambiarnos a un costado de la cancha, sin vestidor. En ese entonces las mariconerías no cabían, aunque ya se encontraban en la etapa del deseo.

José Bleger, en "Psicología de la conducta", establece 3 "series complementarias" de causas que no actúan independientemente, lo que actúa es la resultante de su interacción. La primera se da por factores hereditarios y congénitos; la segunda por las experiencias infantiles. La tercera por factores desencadenantes o actuales. En otro texto Bleger se refiere a una cuarta serie que se relaciona con las expectativas sobre lo que cada persona quiere llegar a ser o a hacer. Estas "series complementarias" están presentes en toda conducta.

Poco tiempo después la metrosexualidad en el futbol estableció que era necesario quitarse el vello del cuerpo, para lo que algunos vestidores contaban con una rasuradora común; conducta (¿o mariconería?) con la que todo jugador debió estar de acuerdo y convencerse.

Metrosexualidad o mariconerías, no importa, lo cierto es que los patrones de conducta, en teoría, pretenden distinguir a cada uno de inicio, o al menos esa es la intención; pero terminan por camuflar e igualar en las costumbres y modas a esta determinada población que se llama: futbolistas.




lunes, 20 de diciembre de 2010

El bostezo de los hipopótamos



Por Juan Villoro

escritor - Premio de Periodismo Rey de España 2010




Cada cuatro años, futbolistas de plástico salen en forma coleccionable de las cajas de cereal y la televisión se llena de semidioses que anuncian desodorante. El consumo se disfraza de épica y las tribus aguardan goles redentores.

El gran futbol ocurre en la Champions, máxima reserva de la calidad y el temple competitivo. El Mundial es otra cosa: la versión geopolítica del anhelo, la oportunidad de sentir que todos estamos ahí. Su mayor virtud es que ocurre cada cuatro años, tiempo suficiente para que la esperanza sea más atractiva que la realidad.

Sudáfrica prometía mucho: la Copa se disputaba en el continente del origen, del que depende el futuro del futbol. Pero sólo Ghana protagonizó juegos de alto dramatismo.

La fiesta fue notable en lo que toca al estruendo de las vuvuzelas, pero faltaron partidos con volteretas, goles de embrujo, figuras decisivas, asombros de último minuto. El trofeo al mejor jugador se lo llevó Diego Forlán, quien chutó con calibrada puntería en nombre de Uruguay, esforzado cuarto lugar. Por culpa de Holanda, la final fue una versión campestre de El Club de la Pelea y el campeón brilló menos de lo que merecía.

El Mundial 2010 provocó un safari televisivo de etnias y jirafas. En los estadios la cacería fue menos vistosa. La afición bostezó más que los hipopótamos. Pocas jugadas se recordarán tanto como el waka-waka de Shakira.



Con excepción de Italia '90 y Estados Unidos '94, ningún Mundial había sido peor. Tampoco se puede decir mucho de los Mundiales de 2002 y 2006.

Y pese a todo, el público no deja de aportar penachos, máscaras y maquillajes. El Mundial es, ante todo, un gran pretexto para disfrazarse en las tribunas.

Algunos estrategas perjudicaron a sus equipos. Dunga militarizó la samba y Maradona entrenó con besos y abrazos. Brasil y Argentina podían dar más.

Pero la principal responsabilidad de los desfiguros es de la FIFA, reguladora del comercio de pies. En alianza con Adidas, lanzó el balón jabulani. Nunca una esfera ha sido tan esquiva. Aunque Forlán logró domar al bicho, la mayoría se sintió ante una pelota de circo, más apta para una foca que para un tiro al ángulo. El jabulani fue como el Santo Grial, la fórmula de la Coca-Cola o la flor azul de los románticos. No se sabía qué era más peligroso: perseguirlo o encontrarlo.

El arbitraje no pudo ser peor. La pifia máxima ocurrió en el Alemania-Inglaterra. El árbitro se negó a convalidar un golazo que significaba la resurrección inglesa. Para verlo no se necesitaba otra tecnología que tener un ojo medianamente abierto.

Hubo tantos errores arbitrales que los comentaristas volvieron a solicitar que un robot se ocupe del alma humana. Una de las razones por las que el futbol pone nerviosa a tanta gente es que el árbitro puede equivocarse. Por desgracia, en Sudáfrica los silbantes fueron profesionales del error. La FIFA no supo escoger a jueces capaces de errar sin que eso fuera inhumano.

Joseph Blatter tiene el puesto con mayor consenso en el planeta. A ningún jerarca se le obedece tanto. Para garantizar su dominación global, permite que demasiados equipos lleguen a la competencia.

No hay 32 selecciones que valgan la pena. Su razón de estar ahí son las ganancias televisivas. El Mundial dura demasiado, ofrece partidos sin interés y permite que un crack se fracture ante un equipo que no distingue los tobillos de las piedras. Para cuartos de final, los sobrevivientes tienen estrés postraumático.

El trepidante comercial de Nike, "Escribe el futuro", anunció lances de delirio que no llegaron a la canchas. Es una lástima que Drogba, Rivery, Rooney, Cristiano Ronaldo y Cannavaro hayan jugado como si anunciaran zapatos.

¿Qué vuelve inolvidable a un Mundial? El apasionado triunfo del país sede (Uruguay'30, Inglaterra'66, Alemania'74, Argentina'78, Francia'98); la consolidación de un equipo fuera de serie y un astro que lo comanda (el Brasil de Pelé en México'70, la Holanda de Cruyff, subcampeona en Alemania'74, la Argentina de Maradona en México' 86); el triunfo de David sobre Goliat (Uruguay ante el equipo local en Brasil'50, Alemania venciendo a Hungría en Suiza'54); los partidos de ida y vuelta (España'82 es un museo al respecto). Nada de esto pasó en Sudáfrica.

España triunfó con mérito, pero no fue la arrolladora selección que vimos en la Eurocopa 2008; perdió con Suiza, tuvo a su disposición dos penales y falló ambos, ganó cada juego por la mínima diferencia, no participó en ninguna goliza ni en una remontada.

En lo que toca a México, nos quedamos por quinta vez en el cuarto partido, algo que no es genial ni trágico sino mediocre. El Chicharito Hernández demostró que el futuro tiene nombre, pero Javier Aguirre apostó por el pasado.

El primer trasplante de corazón se realizó en Sudáfrica. Tal vez por eso el futbol salió de ahí con necesidad de un bypass.

Pero nada vuelve tan fácil como la ilusión. Todo lo que he dicho se anula con una palabra: "Brasil". Ahí se jugará el Mundial 2014.

La magia tiene permiso.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

El lenguaje de los graderíos



Por MARTÍN GIRARD

En su libro El fútbol sin ley, el escritor y periodista García Candau afirma que un lenguaje deportivo, para ser auténtico, ha de ser fundamentalmente popular y cualquier escritor que se precie tendrá que recoger el de los graderíos para interpretar sociológicamente a espectadores y lectores. Puede que así sea. Aunque, por fortuna, su libro no corrobore el aserto y el lenguaje de sus crónicas y reflexiones no recoja, según preconiza, la jerga de los graderíos.

Candau es un ejemplo más de los excelentes escritores que ha dado la literatura deportiva. Me gusta la inteligencia cuando emana de la página escrita o despliega sus alas sobre el terreno de juego, pero todavía no he vislumbrado ningún destello de lucidez en las gradas de un estadio. Claro que la inteligencia se manifiesta, a veces, en los lugares más insospechados. Como la poesía que vuela libre fuera de la jaula del poema y se posa donde menos se la espera. Por ejemplo, en una localidad leridana donde, el pasado día 9, cinco jugadores del equipo visitante acabaron en el hospital. Con desgarro genital, fractura de tabique nasal, golpe en la cadera, contusión abdominal y conmoción cerebral, respectivamente. Sociológica consecuencia del popular lenguaje de los graderíos que yo experimenté cuarenta y tantos años atrás, casualmente en la misma localidad leridana de cuyo nombre prefiero no acordarme. En aquella ocasión, compartía banquillo con Marcel Domingo, entrenador del Vilanova i La Geltrú. Apenas comenzar el encuentro y bajo los auspicios de su público, los jugadores se olvidaron del balón para acordarse de las madres y de los tobillos del equipo contrario. Para colmo, el Vilanova cometió la insensatez de marcar un gol y el árbitro la fechoría de no anularlo. Cuando, interrumpido el encuentro, trató de ganar la caseta del vestuario, acabó hecho un cristo. Si una piedra le rompía la ceja, otra le partía el labio y era un alivio ver estrellarse alguna que otra en su esternón. Para preservar los acharolados tricornios, la pareja de la Guardia Civil que lo escoltaba se mantuvo cautelosa a prudente distancia y, en lo que a mí concierne, intenté pasar inadvertido y acceder al bungaló de tablas y techo de chapa donde los jugadores forasteros habían conseguido guarnecerse a la desbandada. Cuando disimuladamente estaba a punto de conseguirlo, sorprendí a un energúmeno que se disponía a introducir un cajón repleto de botellas vacías por un ventanuco de la parte trasera con la obvia intención de que cayera sobre la cabeza de algún jugador. Emitiendo un alarido disuasorio, me interpuse y evité la tragedia. Pero estuve a punto de provocar otra. La mía. Una enfurecida cohorte de forofos, lustrosos y encorbatados, me rodearon con puños alzados y espumarajos en las fauces.

El lenguaje de los graderíos alcanzó su máximo esplendor cuando un tratante de ganado o alcalde en funciones, esgrimiendo una estaca a modo de batuta, profirió una sarta de procacidades cuyo mayor acicate era que yo saliera de allí como, casi medio siglo después, saldrían los jugadores del Espanyol B. En ambulancia. De pronto, a veces pasa, experimenté esa serenidad que sobreviene cuando el avión cae en picado y te has dejado en casa el paracaídas. Les dije que había ido allí para escribir un reportaje sobre la violencia en el fútbol de Tercera y que, si me tocaban, mi reportaje tendría un adecuado final. Rechinaron los dientes, supuse que esa era su manera de pensar, y el de la estaca me ordenó iracundo: "¡Lárguese!". No me lo hice repetir dos veces y, todavía no sé cómo, me esfumé. Antes de dejar los vestuarios, entre pedradas e improperios, para llegar al autobús, Marcel Domingo arrancó preventivamente un lavabo y se lo puso a modo de casco protector. Me situé tras él sin resuello y al rebufo.

No era esa la primera vez que sufría las consecuencias del lenguaje de los graderíos. Anteriormente, en mi periplo por los estadios italianos, había tenido ocasión de comprobar que el susodicho lenguaje sobrepasa las fronteras idiomáticas para recuperar el gruñido ancestral. Pero, ironías aparte, la poesía que no encuentro en las gradas, ni en sus efectos colaterales, se da con creces en el césped cuando, elevando el fútbol a la categoría de lo sublime, juega el Barça de Guardiola.

domingo, 5 de diciembre de 2010

"Ver los últimos seis Mundiales ha sido como sacarse una muela".

Alex Ferguson, entrenador del M. United


Si el fútbol es una religión, como muchas veces decimos, la FIFA, la organización que lo controla, es su Vaticano. Y, como el Vaticano, los procesos de toma decisiones que inciden en los corazones de cientos de millones de personas son opacos y medievales.

Esto, en el caso del Vaticano, es comprensible. Es una anciana y venerable institución cuyo territorio -por definición misterioso- es el más allá. El ámbito de la FIFA, en cambio, es netamente terrenal. Pero cuando su comité ejecutivo decide cuestiones de importancia mayor para gobiernos, países y devotos del fútbol, ni siquiera disimula respetar las reglas de la democracia; se comporta con toda la transparencia de un cónclave de cardenales decidiendo la identidad de un futuro Papa. La diferencia es que la FIFA mueve más dinero, buena parte del cual acaba en los bolsillos de los mismos señores en cuyas manos está el destino del Mundial, el fenómeno de masas más grande que conoce la humanidad.

Quizá sea una casualidad que esta semana los señores de la FIFA hayan elegido como sede del Mundial 2018 al "mafia estado" (fuente: Wikileaks) ruso; quizá (aunque decir esto sí que es un acto de fe) no haya habido ningún soborno; quizá se guiaron por dos criterios perfectamente sanos: que Rusia es un país de gran tradición futbolera y es una potencia económica emergente a la que le podría venir muy bien, como en el caso de Sudáfrica, una fuerte inyección de vitamina fútbol.

Pero todos estos argumentos se derrumban y los procesos mentales de los votantes de la FIFA quedan en grotesca evidencia cuando vemos la identidad del país que han elegido como sede del Mundial de 2022. Qatar, no exactamente una meca del fútbol, es un país más pequeño que las Islas Malvinas y Belice, y del mismo tamaño que Murcia, con una población de menos de un millón. Como practicar un deporte que exige correr durante 90 minutos no es humanamente posible en las condiciones climatológicas naturales del desierto qatarí, todos los estadios que se construirán (e, inmediatamente después del Mundial, se tendrán que destruir, por inútiles) gozarán de un sistema gigantesco de aire acondicionado. Lo cual presenta nuevos problemas: ¿qué tal si hace demasiado frío para la selección nigeriana y demasiado calor para la danesa? ¿quién decidirá la temperatura? ¿el árbitro? ¿un sobornable señor del cónclave fifero?

Una propuesta. Si vamos a hacer el experimento de ver cómo la ingenuidad humana se las arregla para celebrar el Mundial en un país de calor extremo, ¿por qué no intentamos lo mismo en un lugar donde hace muchísimo frío? Groenlandia podría ser una buena apuesta para 2026, ¿no?


Claro, tanta idiotez de parte de la desprestigiada FIFA, hasta nueve de cuyos altos ejecutivos han sido señalados como corruptos por los medios británicos en el último mes (noble motivo por el cual la candidatura inglesa para 2018 se hundió), el riesgo ahora es que caiga en desprestigio el propio Mundial. Y eso que la materia prima no es lo que fue. Un Mundial no es donde se ve el mejor fútbol. Ese privilegio se lo reserva la Liga de Campeones. Hace tiempo que es así. España ganó el último Mundial merecidamente pero el nivel del torneo fue lamentable. Tampoco el de Alemania o el de Japón y Corea fueron gran cosa. Esto se debe a que los grandes clubes europeos son mejores que las grandes selecciones y a que los jugadores más hábiles llegan agotados a los Mundiales, época en la que sus relojes biológicos les piden vacaciones.


Para colmo, la FIFA lo está pudriendo todo, quitándole al Mundial lo más valioso que le queda, su mística, su glamour. Es sórdido el espectáculo que presentan los popes del deporte. Si no vemos cambios al personal y a las reglas del juego, si la feudal FIFA no da el salto del siglo XII al XXI, el asco y el aburrimiento acabarán con el Mundial como buque insignia del fútbol y se convertirá en un torneo marginal, disputado entre equipos desmotivados, o de segunda fila, en Qatar, Groenlandia o (¿por qué no?) aquel minúsculo pero soberano estado conocido como la Ciudad del Vaticano.

martes, 16 de noviembre de 2010

El león de Baviera


Paul Breitner nace en Baviera el 5 de Septiembre de 1951. Comenzó su carrera deportiva con 17 años en el SV Kolbermoor. Posteriormente pasa al ESV Freilassing y de ahí es fichado por el Bayern de Munich en 1970 con el que forma parte de un mítico equipo con jugadores como Müller, Beckenbauer, Heynckes, etc.

Con su peinado "afro", su mal genio y sus enfados, Paul Breitner fue conocido como el rebelde del fútbol de Alemania Occidental.

Recordado como uno de los mejores jugadores alemanes de la historia, era un mediocampista y defensor polivalente, muy laborioso de gran versatilidad. Su rapidez -era considerado un falso puntero- y la potencia de sus disparos lo convirtieron en un "defensor-goleador", Era de esos jugadores que parecían estar en todas partes, un todoterreno con una gran llegada a gol.

Tras ganarlo todo, tanto en su club como en la selección, decide marcharse al Real Madrid donde también consigue dos títulos de liga dejando su sello de su gran versatilidad. Con la selección alemana ha vivido momentos históricos y sus goles han resultado decisivos para la conquista tanto de la Eurocopa de Naciones de 1972, en la que marcó un gol en semifinales, como en la Copa del Mundo del 74 en la que marcó un golazo en semifinales desde 25 metros a Chile (video, al final del post) y otro en la final contra la selección holandesa. Aquella misma noche, Breitner dimitió por primera vez de la selección nacional, porque los dirigentes estaban todos en el banquete y las mujeres de los campeones mundiales no pudieron entrar.

Pese a sus éxitos, y producto de su fuerte personalidad, entra en conflicto con su compañero, el "Kaiser" Franz Beckenbauer. Además, recibía muchas críticas del entorno deportivo por su espíritu provocador. Entonces decide probar suerte en el Real Madrid. Y su paso por el club merengue no pasó desapercibido: 2 Ligas españolas y una Copa del Generalísimo fueron acumulándose a su palmarés.
Guarda muy gratos recuerdos de su etapa como jugador del Real Madrid, “fue una etapa maravillosa, yo era muy joven cuando llegué a España en 1974”, rememora, “tuve la oportunidad de vivir el cambio hacia la democracia, algo que siempre es inolvidable en una sociedad”. Además, uno de sus hijos es nacido en España.
En Madrid, fiel a sus ideas progresistas, Breitner llamó la atención por su donativo de medio millón de pesetas a unos huelguistas de la fábrica Standard, en los últimos años del franquismo.
Con la misma desfachatez con que desafiaba a los federativos alemanes, reaccionarios hasta la médula, y se declaraba maoísta, Breitner se enfrentaba al agónico franquismo con su donativo a los metalúrgicos madrileños.

En 1977 volvió a Alemania, para jugar una temporada en el modesto Eintracht Brunswick, y en 1978 retorna al Bayern Munich en donde se encuentra con un joven delantero llamado Karl Heinz Rumennigge con el que tiene una gran conjunción formando la popular asociación sobre el césped denominada "Breitnigge" por el periodismo deportivo de su país.
En 1978 en un partido de clasificación contra Grecia, para el Mundial de Argentina ’78, se retira oficialmente de la selección pero regresa en el 82 en el Mundial de España quedando subcampeón.
En España, y aunque perdieron el primer partido (2-1) frente a Argelia, la RFA logró llegar a la final, donde fue desbordada por la Italia de Paolo Rossi (3-1). Breitner tuvo que contentarse con reducir el marcador con un disparo de afuera del área, convirtiéndose de paso en el único jugador, junto a Vavá y Pelé, en haber marcado en finales diferentes de la Copa del Mundo.
Durante el Mundial de 1982, Paul Breitner marcó fuertemente la pauta del comportamiento insolente de los jugadores de la República Federal alemana durante el Mundial, con sus salidas de tono y declaraciones a la Prensa y televisión del estilo de "me importa un carajo", o "eso son gilipolleces".

Tras su retiro, en 1983, se convierte en presidente del Bayern Munich y tras dejar la presidencia se dedica al mundo de la televisión y a representar marcas deportivas. Ha sido 48 veces internacional con la selección alemana marcando 11 goles. En la Bundesliga ha jugado 285 partidos marcando 93 goles y siendo nombrado mejor jugador de Alemania en la temporada 80/81.

Breitner fue blanco de las críticas por el mal estilo, dentro y fuera del campo, de la selección. No parecía importarle mucho, porque él siempre fue un individualista, acostumbrado a nadar contra la corriente.


miércoles, 10 de noviembre de 2010

Odiemos al Madrid



Por Marco Dávila

Hacerse odiar por muchos es más difícil que ser querido por todo el mundo. No por nada un montón de actores han hecho el papel de Batman mientras que solamente uno (Heath Ledger) ha logrado interpretar con éxito al Guasón. Y es que mientras el afecto puede crecer con el simple hecho de no estorbar, el odio no puede subsistir si se descuida por un solo día.





El Real Madrid lo ha entendido a la perfección y por ello a lo largo de 60 años no ha dejado de armar equipos que funcionan como Panzers y ganan títulos a racimos. Si suena fácil es porque se trata del Madrid y nos hemos acostumbrado a verlo en la cima del podio. Pero muchos equipos que son su equivalente en las ligas donde juegan han fracasado rotundamente en su rol de antihéroe para terminar mendigando aquello que nunca debería pedirse con la mano extendida: el odio.

El América es uno de ellos. River Plate, Juventus y Olympique de Marsella se suman a la lista. Pobres. Dejaron de ser la bestia negra de sus rivales para convertirse en el monstruo tierno que habita debajo de la cama, de modo que cuando alguien declara "cómo odio al América" lo más probable es que en realidad quiera decir "cómo odio todo aquello que me recuerda a Televisa".

Siembran lástimas flacas mientras el Real no deja de cultivar antipatías.

En esta temporada, con Mourinho en el banquillo y Ronaldo celebrando goles a destajo, ya deben ser billones en todo el planeta. Encima el Real Madrid juega como demonio, cosa bastante redituable cuando se trata del malo de la película. Y esta vez no se ve por ahí al chico bueno que pueda detenerlo. Ni siquiera el “humilde” Barcelona.

Tal parece, entonces, que el próximo año Real Madrid se quedará con todo. Si así sucede lo vamos a odiar más que nunca. Le vamos a escupir al escudo de la franja púrpura cuando sus aficionados canten el alirón en la fuente de Cibeles. Vamos a decir que lo ganaron todo gracias a su gordísima chequera... y luego, al menos yo, le daré las gracias de corazón.

Sin villanos de verdad el futbol sería una vergüenza.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

fútbol y religión











Eduardo Galeano se preguntó si el fútbol es el opio moderno de los pueblos, en una especie de parafraseada a Karl Marx, quien no dudó en proclamar que “la religión es el opio de los pueblos”. Galeano abundó en el tema y describió: “¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que el tienen muchos intelectuales”. No son pocos los puntos de contacto que tienen el fútbol y la religión: levantan odios y pasiones, tienen millones de adeptos y creyentes, y la fe juega un papel preponderante en ambas materias. Vale la pena conocer la relación que los une y los distancia.

Qué mejor que empezar hablando del Vaticano, la localidad de la Santa Sede, la casa del Papa Benedicto XXVI, reconocido fanático del Bayern Múnich. Tienen su propio seleccionado de fútbol, formada por miembros del Consejo Papal, hombres de la Guardia Suiza y del ejercito vaticano, aunque no están afiliados a la FIFA y apenas han disputado un puñado de amistosos. Juegan en el estadio Pío XII, ubicado en Roma y nombrado así en honor a quien fuera el Papa durante la Segunda Guerra Mundial.



Desde el 2007, tienen su propio certamen, la Copa Clerical, ideada por el actual Camarlengo, Tarcisio Bertone, fanático de la Juventus que llegó a ser comentarista en la radio. “El Mundial del Vaticano”, como se lo denominó, se juega en un campo de césped sintético en San Pedro (se puede ver de fondo a la Basílica) y cuenta con la participación de 16 cuadros de institutos católicos formados por sacerdotes y seminaristas de 25 naciones distintas. Como no podía ser de otra forma, entre los participantes de la primera realización hubo dos argentinos: el seminarista Agustín Villa y el padre Santiago Caucino.

El Redemptoris Mater se adjudicó las primeras dos ediciones y también llegaron a la final de 2008, cuando fueron vencidos por el Mater Ecclesiae. “La idea es reafirmar el valor educativo y pastoral del deporte, así como fortalecer los sentimientos de verdadera amistad y fructuosa convivencia”, contó Bertone, quien también llegó a comentar que el Vaticano no descartaba comprar un club para manejar y pregonar con éste el mensaje del cristianismo. Luego se retractaría y afirmaría que sería “irrealizable”. Incluso, se llegó a especular con que ya habían adquirido al Ancona para dicho proyecto, algo que fue desmentido.

Pero no todo es paz. En junio pasado, cuando Brasil logró derrotar a Estados Unidos y quedarse con la Copa Confederaciones, ya finalizado el duelo, los jugadores brasileños, liderados por Kaká, decidieron orar dentro del campo de juego para agradecerle a Dios el triunfo logrado. La actitud molestó al mandamás de la Federación de Dinamarca, Jim Stjerne Hansen. “La religión no tiene sitio en el fútbol, no podemos dejar que se meta en los estadios”, disparó Hansen. El mandatario de la FIFA, Joseph Blatter, escuchó a su par y se informó que, además de amonestar a Brasil, el organismo madre prohibiría los rezos y manifestaciones religiosas de los futbolistas durante el Mundial 2010. Así, le impedirían a Kaká mostrar su famosa remera de “Yo pertenezco a Jesús” o imposibilitarían a los musulmanes rezar en los estadios de Sudáfrica. La excusa, según un portavoz de la prensa de la FIFA, fue que “las sectas podrían utilizar el fútbol como publicidad”.

El guante fue recogido por Eddio Constantini, el presidente de la Fundación Juan Pablo II, quien retrucó: “Blatter y la federación de Dinamarca se equivocan. Es un error vaciar el fútbol de los valores éticos que la fe cristiana y la Iglesia católica defienden desde hace siglos. Espero que lo reconsideren”. Y agregó: “Sólo una revolución capaz de formar atletas y hombres podrá restituir al deporte el significado auténtico que violencia, dopaje, racismo y dinero amenazan con quitarle”. Medida polémica, más si el artículo 3 de los Estatutos FIFA menciona que “está prohibida la discriminación de cualquier país, individuo o grupo de personas por su origen étnico, sexo, lenguaje, religión, política o por cualquier otra razón, y es punible con suspensión o exclusión”.

La FIFA y el Vaticano no son los únicos que presentan desencuentros. El mismo Diego Maradona y su siempre labia sin filtro provocó un conflicto internacional cuando, en 2000, trató de ladrón al fallecido Papa Juan Pablo II. “Entré al Vaticano y miré el techo de oro. Y me dije: `¿cómo puede ser tan hijo de puta de vivir con un techo de oro y después ir a los países pobres y besar a los chicos, con la panza así hinchada?´ Ese día dejé de creer”, tiró el Diez, jamás diplomático, y añadió que había leído que en la Santa Sede “se traficaba con órganos, drogas y armas”.

Para rematar su visión sobre Juan Pablo II, pronunció: “Este chabón las tiene todas en contra, ¡encima fue arquero!”. Efectivamente para disgusto de Maradona, el Papa fue meta del Cracovia polaco y llegó a atajar en una liga amateur.


El contragolpe llegó a través del por entonces vocero del Arzobispado, Guillermo Marcó, quien pronunció que la Iglesia “constató con dolor los efectos terribles que la droga hace en una persona que, en este caso, antes fue creyente”.

Otro embajador de la pelota que tiene la lengua picante, como lo es José Mourinho, entrenador del Inter, desató otro cruce verbal con un representante de la religión musulmana. El portugués se quejó de que la práctica del Ramadán, rito musulmán que consiste en ayunar (abstinencia de alimentos, bebidas y relaciones sexuales) durante un mes desde el amanecer hasta la puesta del sol, debilitaba demasiado a su dirigido ghanés Sulleyy Muntari, y que debido a eso lo retiró del cotejo frente al Bari, a los 29 minutos del primer tiempo.

“El ayuno no debilita la forma física de un futbolista. Mourinho debería hablar un poco menos. Sabemos por el Instituto de Medicina del Deporte que la estabilidad mental y psicológica que da la religión puede ser un plus en el campo para un jugador”, fue la réplica del presidente de la Unión de Comunidades y Organizaciones Islámicas de Italia, Mohamed Nour Dachan. El mismo Dachan salió luego a solidarizarse con el DT neroazzurro, a quien le empezaron a llover amenazas de extremistas islámicos por sus dichos.

No todas son hostilidades. Es conocido el grupo de futbolistas que componen la organización Locos por Jesús o Atletas de Cristo, entre los que se encuentran jugadores que pasaron por el fútbol argentino, como los colombianos ex River Radamel Falcao y Jairo Patiño o el brasileño ex San Lorenzo Paulo Silas. En su portal web de Argentina, puede leerse: “Vivimos en un país en el que el deporte, especialmente el fútbol, es una pasión. El deporte es un lenguaje que traspasa las barreras sociales, raciales y hasta religiosas”. Sus metas son “ganar deportistas para el Señor y contribuir a la práctica sana y honesta del deporte”.

Entre sus miembros, también milita una figura mundial como Kaká, siempre dispuesto a dar su testimonio, a dejar ver su amor por Jesús en los mensajes de sus camisetas o en las inscripciones de sus botines, a llevar a cabo estudios bíblicos durante las concentraciones y a encabezar los grupos de oración de su selección. A los 18 años, sufrió una grave lesión en la sexta vértebra que amenazó con dejarlo cuadripléjico el resto de su vida. Pasó dos meses postrado en una cama, pero se recuperó. “Nunca voy a dejar de agradecerle a Dios. Cada uno recibe un don, y el mío ha sido jugar al fútbol”, testifica.

El ahora jugador del Real Madrid tiene entre sus actividades favoritas la lectura de la Biblia y escuchar la música del coro Gospel. Incluso, se propuso llegar virgen al matrimonio –“no es fácil aplicar las cosas escritas hace miles de años”-, y lo consiguió, sin caer en las garras de ninguna botinera. Deslizó que cuando abandone el fútbol, tal vez elija ser pastor evangélico. Su compatriota Felipe Melo también persigue un objetivo parecido y ya está estudiando para ser diácono.

En Chile, además del conocido conjunto Club Deportivo Palestino, creado por inmigrantes palestinos y que en sus principios sólo admitía a personas de origen árabe, también hay un cuadro ligado intensamente a la religión. Se trata del Club Social y Deportivo Cristiano Hosanna, del ascenso chileno, fundado en 1996 por el pastor y actual presidente Ítalo Frigori, quien expone: “No todos los que vienen al club son evangélicos, aunque sí deben dar testimonio de que son consecuentes en lo que creen“. Entre sus particularidades se destaca que sus jugadores oran antes y después de los choques, sus aficionados alientan con canciones religiosas, en cada infracción les piden perdón a sus rivales, no cuestionan las decisiones arbitrales, es obligación asistir a los estudios bíblicos de 15 minutos antes de cada práctica y les regalan biblias a sus contrarios, además de invitarlos a orar antes de la salida a la cancha. Algo parecido puede encontrarse en la Argentina con el Atlético Ministerio Evangelístico Dios es Amor Club, de Córdoba, que este 2009 cumplió 25 años de existencia.



Si hay alguien que da tela para cortar en este asunto, ése es Carlos Roa. Cuando el ex arquero se encontraba en pleno apogeo y el Manchester United estaba dispuesto a hacerse con sus servicios, decidió retirarse por primera vez. Había profundizado sus creencias y como miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, tenía prohibido trabajar los sábados. “Dios vale más que diez millones de dólares”, atestiguó. Un año más tarde retomaría la profesión. Su fe no cambió y siempre le agradece a Dios el haber podido vencer al cáncer testicular.

No hay que olvidarse de las famosas promesas de caminatas a Luján; las batallas que se arman en el vehemente clásico Celtic-Rangers, por diferencias entre católicos y protestantes; o la aparición del padre Juan Gabriel Ariascomo directivo de Racing. Como puede verse, el vínculo entre el fútbol y la religión es amplio, rico y variado. Pasiones, odios y fe.

Si tienes una plantilla de 24 jugadores y sólo puedes poner a 11,tienes 13 enemigos.Esos 13 enemigos tienes que multiplicarlos por cuatro: las esposas,los padres y los hijos de los suplentes…

John Benjamin Toshack (Ex jugador galés del Liverpool y entrenador)

martes, 26 de octubre de 2010

jueves, 21 de octubre de 2010

you'll never fly alone



Liverpool, sumido en una crisis deportiva, espera que uno de los Mega Dioses del Metal , Bruce Dickinson (IRON MAIDEN) , le traiga suerte en su próximo partido por la Liga Europa.

El club de la liga Premier inglesa señaló que Dickinson piloteó el avión del equipo hasta Italia para el partido del jueves contra Napoli por la Liga Europa.


El rockero le dijo al portal de internet del equipo que Liverpool es un club maravilloso y les deseó suerte en el encuentro.

Liverpool sólo ha ganado un partido por la liga Premier esta temporada, y el técnico Roy Hodgson le dará descanso a los titulares Steven Gerrard y Fernando Torres para el encuentro en Nápoles.

La prensa británica no pudo evitar burlarse de los problemas del club, y el diario The Guardian escribió que dice mucho de la penuria del plantel que la persona más famosa abordo era el piloto.

lunes, 18 de octubre de 2010

Romance intelectual con la pelota






"El goleador es siempre el mejor poeta del año", escribió Pier Paolo Pasolini, en la cumbre del romance entre la literatura y el fútbol. Camus había dicho que el fútbol le enseñó todo lo que sabía y el desprecio de los intelectuales por esa pasión se había superado cuando estalló una nueva polémica: ya no fútbol vs. cultura, o civilización vs. barbarie, sino literatura versus oportunismo editorial y venta. Además, cómo el fútbol devora la cultura genera"


Jorge Luis Borges fue el encargado de marcar la divisoria de aguas. Con lapidaria ironía, reformuló el "civilización y barbarie" sarmientino y sentenció en más de una entrevista periodística que el fútbol era "una cosa estúpida de ingleses... Un deporte estéticamente feo: once jugadores contra once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos". La frase hendía el cuchillo en el corazón de la patria futbolera y convocaba al escándalo. Pero más allá de la humorada —"una forma perversa de razonamiento; un cinismo que invalida todas las letras del mundo: Así, el Quijote no es otra cosa que un conjunto de letras negras sobre papel blanco", como lo definiría para Ñ Alejandro Dolina— el anatema borgeano selló la relación entre quienes practicaban el deporte de la literatura y los habilidosos en el arte del fútbol. Durante décadas —salvo excepciones— ambos mundos sucedieron en dimensiones paralelas. En forma esquemática podría resumirse de la siguiente manera: los escritores desdeñaban el fútbol y los futboleros huían de la literatura. La división también se experimentaba entre lectores e hinchas en una remake del divorcio original entre pueblo e ilustración aventado por Domingo Faustino Sarmiento. Pero la segunda mitad del siglo XX sería testigo de una plebeyización de la literatura —el periodismo fue gran artífice de este proceso— y decenas de literatos se volcarían a una producción mestiza gracias a la cual el fútbol ya no quedaría en "orsai" literario. Finalmente, a mediados de los noventa, la pelota ganó la batalla y hoy —a horas del mundial de Alemania— se asiste a lo que algunos denominan la futbolización del universo y de la que no puede escapar ni siquiera el apocado e íntimo mundo de las letras.

La mala relación entre fútbol y literatura se inició en 1880 cuando el escritor británico Rudyard Kipling (1865-1936) despreció a ese deporte y a "las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan". Y prácticamente desde esa fecha el desencuentro se hizo sostenido. Sin embargo, el recorrido de una buena biblioteca demostrará que no faltaron las gratas excepciones: en los años 20, el peruano Juan Parra del Riego y el argentino Bernardo Canal Feijóo escribieron "Penúltimo poema del fútbol" y Horacio Quiroga publicó "Suicidio en la cancha", un cuento sobre el caso real de un jugador de Nacional que se pegó un tiró en el círculo central de la cancha. De aquellos tiempos es el primer relato totalmente ficcional sobre fútbol en el Río de la Plata: la novela del francés Henri de Montherlant Los once ante la puerta dorada. En 1923, nada menos que en su meláncolico libro Crepusculario, Pablo Neruda escribió el poema "Los jugadores", y 12 años después, "Colección nocturna", incluido en Residencia en la tierra. Durante el primer medio siglo hubo escasos coqueteos de la literatura con el fútbol —una aguafuerte de Roberto Arlt sobre el Seleccionado Nacional y poco más—; quien entró a saco lleno en el tema fue el uruguayo Mario Benedetti con su ya célebre cuento "Puntero izquierdo", escrito en 1955, y publicado en el libro Montevideanos.

El llamado boom de la literatura latinoamericana se acercó al mundo del fútbol, no sólo desde la escritura sino también desde las tribunas. Tras un partido entre Junior y Millonarios, Gabriel García Márquez declaró: "No creo haber perdido nada con este irrevocable ingreso que hoy hago públicamente a la santa hermandad de los hinchas. Lo único que deseo, ahora, es convertir a alguien". Y el salvoconducto del futuro Premio Nobel dio resultados. Aunque, en realidad, ya por aquella época había salido del placard un gran número de escritores que se reconocían como hinchas de fútbol: el poeta gaditano Rafael Alberti —quien escribió "Oda a Platko", dedicada al arquero húngaro del Barcelona—, Miguel Hernández, Miguel Delibes, Manuel Vázquez Montalbán, Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Jorge Amado, Augusto Roa Bastos, Ernesto Sabato, Rubem Fonseca, Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Rivadaneyro y Alfredo Bryce Echenique.

Pero la literatura no sólo ha dado hinchas al mundo: también se ha enriquecido de ellos. Albert Camus, por ejemplo, aprendió cuando era arquero en Argelia que "la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Esto me ayudó mucho en la vida... Lo que más sé acerca de moral y de las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol". A la pelota se le debe, entonces, El mito de Sísifo, Los justos y La peste.

A partir de los años 60 y 70 la lista de escritores que se animaron a escribir sobre fútbol se acrecentó considerablemente: el poeta brasileño Vinicius de Moraes escribió un célebre poema al puntero Garrincha, el español Camilo José Cela, sus Once cuentos de fútbol, el mexicano Juan Villoro, un texto sobre el maracanazo —el día que Uruguay le ganó a Brasil la Copa del Mundo en el estadio Maracaná— titulado El hombre que murió dos veces, Humberto Constantini, su relato "Inside izquierdo", y Leopoldo Marechal, elige la tribuna de un River-Boca para lanzar la batalla del protagonista de Megafón o la guerra. Mientras tanto, en Europa, el austríaco Peter Handke ponía la piedra basal con su novela La angustia del arquero frente al tiro penal —que poco habla de fútbol, es verdad— pero tiene una de las definiciones más bellas de ese instante crucial en un partido.

Los años ochenta marcaron el fin de la separación entre el fútbol y las letras en la Argentina. Y eso ocurrió de la mano del periodismo gráfico: Osvaldo Soriano, Roberto Fontanarrosa y Juan Sasturain se convirtieron en la delantera implacable que se abocaba a escribir sin tapujos ni complejos sobre fútbol, primero desde las crónicas de prensa y el humor y, finalmente, desde la literatura.

Clásicos de esta etapa son los cuentos publicados en El mundo ha vivido equivocado, en el que el escritor rosarino incluyó los inolvidables relatos sobre fútbol como "Lo que se dice de un ídolo", "Memorias de un wing derecho", y "¡Qué lástima, Cattamarancio!". Osvaldo Soriano, por su parte, reunió en su libro Rebeldes, soñadores y fugitivos los memorables relatos como "El penal más largo del mundo" y "Maradona sí, Galtieri no". Y completa el trío de mosqueteros Juan Sasturain con la publicación de El día del arquero, que incluye el cuento "La poesía del chanfle al segundo palo". Al mismo tiempo, Alejandro Dolina coqueteaba con el fútbol desde sus Crónicas del Angel Gris que incluían "Apuntes de fútbol en Flores", una toma de posición respecto del tema: "En un partido de fútbol caben infinidad de novelescos episodios", sentencia la primera frase del cuento.

Pero si bien se produjo la irrupción del fútbol como componente de lo popular en el espectro de las letras, la relación seguía siendo distante. La crítica de la revista Babel al libro de Soriano fue lapidaria: "No se puede escribir literatura con el banderín de San Lorenzo enfrente", como recuerda Sergio Olguín, autor del libro El equipo de los sueños, una novela que entrecruza la adolescencia en un barrio del sur del Gran Buenos Aires con la literatura griálica, el fútbol y la figura de Maradona. "Siempre hubo una negación temática en la literatura argentina, huyó de lo popular, que muchos autores entienden como populismo. El fútbol fue siempre marginado por la crítica pero no por los lectores. Estados Unidos no tuvo este problema. Paul Auster y Don DeLillio escribieron sobre béisbol y no escandalizaron a nadie", asegura el autor de Lanús. Casualmente, Olguín viajará a Alemania mientras se juegue el Mundial, invitado por la editorial Suhrkamp para representar a la literatura argentina en los debates sobre fútbol y literatura que se realizarán en las ciudades sede del torneo.

Respecto de este desencuentro, Martín Caparrós, autor de Boquita, explicó a Ñ que "el anatema de Borges está relacionado con esa idea de los años setenta de que el fútbol es el opio de los pueblos, que engaña a millones de estúpidos a los que les pone, por delante de la lucha de clases, la lucha de cuadros. Esta posición se sintetiza perfectamente en Juan José Sebreli". En lo que podría caracterizarse con cierto sarcasmo como "sociología del centro al segundo palo" —la frase pertenece al presidente de River Plate, José María Aguilar— Sebreli sostuvo que "el acto de patear una pelota es ya de por sí esencialmente agresivo y crea un sentimiento de poder, amén de que la picardía de vencer al adversario basada en la trampa, la mentira, el disimulo, la zancadilla, tan alabada por todos los apologistas del fútbol como una forma de inteligencia natural y espontánea, no es sino una característica de la personalidad autoritaria". Sus libros Fútbol y masas y La era del fútbol le valieron al sociólogo la humorada de Sasturain, quien desde una reseña bibliográfica le espetó: "Sebreli, vos andá al arco".

Liliana Heker dice: "No hay un desdén de la literatura hacia el fútbol, no se puede generalizar; Borges no deja de ser Borges incluso cuando desdeña al fútbol. Pero muchos escritores son hinchas apasionados, no hay un rechazo particular en el gremio. Yo tengo una relación apasionada desde muy chica. Para la literatura es un campo interminable, ya que el deporte pone en juego conflictos muy interesantes", dice Heker, autora del cuento "La música de los domingos".

Claro que, desde los noventa, la relación entre fútbol y literatura se conjugó en un maridaje tan extraño y sospechoso como su anterior desencuentro. En un proceso de globalización del negocio del fútbol, la literatura acompañó ese devenir y también el mercado editorial. Hoy no se trata tanto de un acercamiento del arte a los sectores populares sino lisa y llanamente —con excepciones— de una operación de mercado. Primero fue el realismo político, luego la novela histórica y la literatura new age y actualmente el fútbol. "Es posible que se trate de una moda relativa —admite Olguín— pero la buena literatura no depende del tema que uno elija sino de una buena prosa, la construcción de personajes y una trama. La literatura futbolera es un gran negocio y alimenta al mercado pero seguramente pasará de moda".

Quien anda a los rezongos contra la nueva moda de la literatura futbolística es, sorpresivamente, un hombre que gusta practicar ese deporte y que a mediados de la década del ochenta escribió sobre el tema. Arrepentido, según sus propias palabras, de haber escrito sobre esos tópicos por haber transitado el paño sensiblero y el cliché, Dolina protesta porque "en esta relación de maridaje pierde la literatura. En los últimos años se produjo una futbolización del universo, una invasión del área del pensamiento en la que se utilizan una cantera de metáforas banales tomadas del juego, en el periodismo y en la literatura. Un género no se basa en una temática, porque lo que ocurre es que nace un género acrisolado —salvo en el caso de los buenos escritores— que consiste simplemente en exaltar los estados de ánimo de quiénes ven fútbol o quienes lo juegan. La metáfora más recurrida se relaciona con la guerra y la pasión, como padecimiento, pero esos escritos suelen dejar una melancólica sensación de que se trata de sentimientos construidos. Se busca una épica que trascienda largamente una vida con ausencia de emociones. Existe cierta demagogia en la literatura que exalta la pasión deportiva, una necesidad de contacto popular. Esta demagogia consiste en el hecho de que en ese encuentro entre el gran arte y lo popular, no asciende lo popular sino que desciende el gran arte. La operación consiste en que si el pueblo no lee a Flaubert, que lean a Coelho. El fútbol es un hecho interesante cultural y antropológicamente pero no es el gran arte. Es un tema, pero no se puede convertir en una superstición, porque se transforma en una patología literaria. Resulta conveniente no entregarse a la tentación y, en todo caso, si hay que imitar a Gardel hay que hacerlo no en la pronunciación de la eme como ere sino en su afinación".

Ante el torrente de publicaciones que anegó la industria cultural en los últimos años, una pregunta se hace evidente: ¿es obligatorio escribir sobre fútbol? Mempo Giardinelli cree que no. "Entre fútbol y literatura existe la misma relación que entre cocina y poesía, o filosofía y novela, o automovilismo e historia. No creo que haya nada esquemático, simplemente sucede que para mí la literatura es la vida por escrito. Y entonces puedo escribir lo que se me antoja. Nunca escribí sobre fútbol. Soy un narrador, y he escrito un par de cuentos de tema futbolero porque me pareció que podían ser narraciones eficaces. Mi relación con este deporte es como la de cualquier argentino: pasional, intensa, en lo posible festiva, pero no intelectual. Lo cual no impide que en determinado momento uno reflexione críticamente sobre las pasiones, intensidades, violencias y taras argentinas", dice el autor del clásico cuento "El hincha", escrito a principios de los ochenta.



Ideas similares profesa Pablo Ramos: "En literatura no debería haber nada más que lo que el escritor cree que debería. La mayoría de los cuentos sobre fútbol que se escriben se acercan a lo tanguero, a lo humorístico y reflejan una parte muy romántica del deporte. La otra, el negocio, la trampa, la decadencia del deporte cuando se hace profesional, es poco común. La literatura debe incluirlo todo, porque cada cosa contiene su propia literatura. El fútbol es danza y es cuerda floja cuando se lo juega como Riquelme, o cuando un pibe como el Tuna Agüero, cansado de jugar en la Villa Corina (la misma de mi novela El origen de la tristeza, de ahí es él) se enfrenta a los grandes con 17 años y les pinta la cara. Lo patean, se levanta y les vuelve a pintar la cara. Y el fútbol es horrible cuando viene un Mundial y nos olvidamos del desempleo, de la contaminación de San Juan con cianuro... Cuando es olvido es un veneno, es el opio de los pueblos", sostiene el autor del cuento "Celeste y roja", en el que el protagonista muere envuelto en la bandera de Arsenal de Sarandi.

Caparrós aporta un elemento original a esta controversia: "La literatura no tiene ninguna obligatoriedad respecto del fútbol. Existe una relación larga y fecunda de cierta narrativa desde hace 50 años. Hasta la televisión, había un 95 por ciento de aficionados deportivos que lo hacían desde el relato escrito o radial. Lo que constituye al fútbol en un hecho narrativo en sí mismo. Ahora el fútbol se ve, entonces, es muy complicado hacer un metarrelato, porque se trata de un relato en sí mismo. A mí el género de la literatura futbolística no me atrajo para desarrollarlo porque frente al relato del fútbol, lo demás es un metarrelato menor".

Amagando entre el consumismo snob, la demagogia pop-fashion (condensada en los palcos de la Bombonera) y cierta autenticidad popular que transitan algunas experiencias literarias, la narrativa futbolera estalló en los últimos 15 años. En Europa, el ejemplo más claro es la novela Fiebre en las gradas, del británico Nick Hornby, en la que relata su vida como hincha. Por estas costas, poco después de que el escritor uruguayo Eduardo Galeano escribiera Fútbol a sol y a sombra, la industria cultural parece haber encontrado una veta redituable: así, se sucedieron los libros de los ex futbolistas Jorge Valdano y Angel Cappa, y los libros periodísticos, émulos del Fútbol: dinámica de lo impensado, de Dante Panzeri. En el 2003 se produjo una nueva operación de acercamiento que consistió en la campaña "Cuando leés ganás siempre" y que consistió en la distribución gratuita de 50 mil cuentos todos los domingos. La última buena nueva fue el nacimiento de Ediciones al Arco, un legítimo emprendimiento para encausar la publicación de la literatura deportiva.

Ni siquiera la poesía pudo quedarse afuera del fenómeno. Washington Cucurto ha utilizado como materia prima para sus obras el imaginario popular para homenajear a Enzo Francescoli o Diego Maradona y en su poema Entre hombres, dice: "El fútbol es un deporte de hombres dulces / el fútbol es un deporte de hombres que se quieren con locura". Fabián Casas, por su parte, escribió Cancha rayada, en el que describe el regreso de un estadio luego de una derrota. Consultado sobre qué lugar tiene el fútbol en su obra, Casas respondió: "Ser hincha de San Lorenzo tiñó mi personalidad. En términos heideggerianos soy-un-ser-para-la-Copa-Libertadores".

Amalgamados, los dos géneros del arte caminan, finalmente, tomados de la mano. Quedan en el tintero algunas frases elegidas que definen con belleza irrefutable la belleza del fútbol. Javier Marías dijo que "el fútbol es la recuperación semanal de la infancia" y el intelectual comunista Antonio Gramsci lo definía como "el reino de la lealtad humana ejercida al aire libre". Con cierto tono meloso, el checo Milan Kundera escribía que "tal vez los jugadores tengan la hermosura y la tragedia de las mariposas, que vuelan tan alto y tan bello pero que jamás pueden apreciar y admirarse en la belleza de su vuelo". Por último, el multifacético Pier Paolo Pasolini dejó la mejor definición que la literatura pudo hacer de este deporte que remite a los juegos circenses de la Roma antigua: "El fútbol es un sistema de signos, por lo tanto es un lenguaje. Hay momentos que son puramente poéticos: se trata de los momentos de gol. Cada gol es siempre una invención, es siempre una subversión del código: es una ineluctabilidad, fulguración, estupor, irreversibilidad. Igual que la palabra poética. El goleador de un campeonato es siempre el mejor poeta del año. El fútbol que produce más goles es el más poético. Incluso el dribbling es de por sí poético (aunque no siempre como la acción del gol). En los hechos, el sueño de cada jugador (compartido por cada espectador) es partir de la mitad del campo, dribbliar a todos y marcar el gol. Si, dentro de los límites consentidos, se puede imaginar en el fútbol una cosa sublime, es ésa. Pero no sucede nunca. Es un sueño". Pasolini, obviamente, no había visto jugar a Diego Maradona. A pesar de desmentidas por el segundo gol del "Diez" a los ingleses, sus palabras están llenas de verdad poética. Pero de eso podría tratarse este desencuentro entre las letras y la pelota: Maradona tampoco había leído a Pasolini.

ROBADO DEL CLARÍN DE BUENOS AIRES.



Tiro de Gracia

lunes, 11 de octubre de 2010

Danza Macabra


"El negocio del cine es macabro, grotesco: es una mezcla de partido de fútbol y de burdel."

Federico Fellini - cineasta italiano

"los tres palos son como la carcel de un arquero, pero yo logre escaparme... aunque de vez en cuando me atrapa un policia y me tira un tiro desde mitad de cancha..."

René Higuita

viernes, 8 de octubre de 2010

Disculparán la falta de inspiración de estos últimos días , pero así es esto del fútbol , hasta los mejores goleadores tienen rachas de sequía.

A falta de otra cosa mejor , se quedan con algo que a más de uno le dió un gusto tremendo.

sábado, 2 de octubre de 2010





¿Qué le dijo Salcido a su esposa después de la fiesta?.. ¡Te lo juro que no me metí con ninguna mujer! había puro cabrón en la fiesta.


¿Qué pensó Salcido antes de organizar la fiesta?.. Ya que ando en Monterrey voy a comer cabrito.

¿En que se parecen Cabañas y Salcido?.. En que a los dos les sacaron la pistola en el baño... además, a Cabañas le disparó el J.J... y a Salcido la Jot0 Jot0.

Dicen que Salcido quiere que el Galatasaray lo compre para cumplir su sueño y poder jugar con Elano…

Si Chicharito hace sandwich, Salcido hace hot-dogs??.

No fue error de Salcido, él pidió “una vieja que me dé una buena juerga”… los que entendieron mal fueron los de la FMF , llevaron una vieja que le dió buena verga.