A los enemigos del fútbol :

Hay un tipo de antifutbolero, muy extendido, que hace de su militancia contra el fútbol el argumento máximo para defender su SUPUESTA inteligencia.

martes, 16 de noviembre de 2010

El león de Baviera


Paul Breitner nace en Baviera el 5 de Septiembre de 1951. Comenzó su carrera deportiva con 17 años en el SV Kolbermoor. Posteriormente pasa al ESV Freilassing y de ahí es fichado por el Bayern de Munich en 1970 con el que forma parte de un mítico equipo con jugadores como Müller, Beckenbauer, Heynckes, etc.

Con su peinado "afro", su mal genio y sus enfados, Paul Breitner fue conocido como el rebelde del fútbol de Alemania Occidental.

Recordado como uno de los mejores jugadores alemanes de la historia, era un mediocampista y defensor polivalente, muy laborioso de gran versatilidad. Su rapidez -era considerado un falso puntero- y la potencia de sus disparos lo convirtieron en un "defensor-goleador", Era de esos jugadores que parecían estar en todas partes, un todoterreno con una gran llegada a gol.

Tras ganarlo todo, tanto en su club como en la selección, decide marcharse al Real Madrid donde también consigue dos títulos de liga dejando su sello de su gran versatilidad. Con la selección alemana ha vivido momentos históricos y sus goles han resultado decisivos para la conquista tanto de la Eurocopa de Naciones de 1972, en la que marcó un gol en semifinales, como en la Copa del Mundo del 74 en la que marcó un golazo en semifinales desde 25 metros a Chile (video, al final del post) y otro en la final contra la selección holandesa. Aquella misma noche, Breitner dimitió por primera vez de la selección nacional, porque los dirigentes estaban todos en el banquete y las mujeres de los campeones mundiales no pudieron entrar.

Pese a sus éxitos, y producto de su fuerte personalidad, entra en conflicto con su compañero, el "Kaiser" Franz Beckenbauer. Además, recibía muchas críticas del entorno deportivo por su espíritu provocador. Entonces decide probar suerte en el Real Madrid. Y su paso por el club merengue no pasó desapercibido: 2 Ligas españolas y una Copa del Generalísimo fueron acumulándose a su palmarés.
Guarda muy gratos recuerdos de su etapa como jugador del Real Madrid, “fue una etapa maravillosa, yo era muy joven cuando llegué a España en 1974”, rememora, “tuve la oportunidad de vivir el cambio hacia la democracia, algo que siempre es inolvidable en una sociedad”. Además, uno de sus hijos es nacido en España.
En Madrid, fiel a sus ideas progresistas, Breitner llamó la atención por su donativo de medio millón de pesetas a unos huelguistas de la fábrica Standard, en los últimos años del franquismo.
Con la misma desfachatez con que desafiaba a los federativos alemanes, reaccionarios hasta la médula, y se declaraba maoísta, Breitner se enfrentaba al agónico franquismo con su donativo a los metalúrgicos madrileños.

En 1977 volvió a Alemania, para jugar una temporada en el modesto Eintracht Brunswick, y en 1978 retorna al Bayern Munich en donde se encuentra con un joven delantero llamado Karl Heinz Rumennigge con el que tiene una gran conjunción formando la popular asociación sobre el césped denominada "Breitnigge" por el periodismo deportivo de su país.
En 1978 en un partido de clasificación contra Grecia, para el Mundial de Argentina ’78, se retira oficialmente de la selección pero regresa en el 82 en el Mundial de España quedando subcampeón.
En España, y aunque perdieron el primer partido (2-1) frente a Argelia, la RFA logró llegar a la final, donde fue desbordada por la Italia de Paolo Rossi (3-1). Breitner tuvo que contentarse con reducir el marcador con un disparo de afuera del área, convirtiéndose de paso en el único jugador, junto a Vavá y Pelé, en haber marcado en finales diferentes de la Copa del Mundo.
Durante el Mundial de 1982, Paul Breitner marcó fuertemente la pauta del comportamiento insolente de los jugadores de la República Federal alemana durante el Mundial, con sus salidas de tono y declaraciones a la Prensa y televisión del estilo de "me importa un carajo", o "eso son gilipolleces".

Tras su retiro, en 1983, se convierte en presidente del Bayern Munich y tras dejar la presidencia se dedica al mundo de la televisión y a representar marcas deportivas. Ha sido 48 veces internacional con la selección alemana marcando 11 goles. En la Bundesliga ha jugado 285 partidos marcando 93 goles y siendo nombrado mejor jugador de Alemania en la temporada 80/81.

Breitner fue blanco de las críticas por el mal estilo, dentro y fuera del campo, de la selección. No parecía importarle mucho, porque él siempre fue un individualista, acostumbrado a nadar contra la corriente.


miércoles, 10 de noviembre de 2010

Odiemos al Madrid



Por Marco Dávila

Hacerse odiar por muchos es más difícil que ser querido por todo el mundo. No por nada un montón de actores han hecho el papel de Batman mientras que solamente uno (Heath Ledger) ha logrado interpretar con éxito al Guasón. Y es que mientras el afecto puede crecer con el simple hecho de no estorbar, el odio no puede subsistir si se descuida por un solo día.





El Real Madrid lo ha entendido a la perfección y por ello a lo largo de 60 años no ha dejado de armar equipos que funcionan como Panzers y ganan títulos a racimos. Si suena fácil es porque se trata del Madrid y nos hemos acostumbrado a verlo en la cima del podio. Pero muchos equipos que son su equivalente en las ligas donde juegan han fracasado rotundamente en su rol de antihéroe para terminar mendigando aquello que nunca debería pedirse con la mano extendida: el odio.

El América es uno de ellos. River Plate, Juventus y Olympique de Marsella se suman a la lista. Pobres. Dejaron de ser la bestia negra de sus rivales para convertirse en el monstruo tierno que habita debajo de la cama, de modo que cuando alguien declara "cómo odio al América" lo más probable es que en realidad quiera decir "cómo odio todo aquello que me recuerda a Televisa".

Siembran lástimas flacas mientras el Real no deja de cultivar antipatías.

En esta temporada, con Mourinho en el banquillo y Ronaldo celebrando goles a destajo, ya deben ser billones en todo el planeta. Encima el Real Madrid juega como demonio, cosa bastante redituable cuando se trata del malo de la película. Y esta vez no se ve por ahí al chico bueno que pueda detenerlo. Ni siquiera el “humilde” Barcelona.

Tal parece, entonces, que el próximo año Real Madrid se quedará con todo. Si así sucede lo vamos a odiar más que nunca. Le vamos a escupir al escudo de la franja púrpura cuando sus aficionados canten el alirón en la fuente de Cibeles. Vamos a decir que lo ganaron todo gracias a su gordísima chequera... y luego, al menos yo, le daré las gracias de corazón.

Sin villanos de verdad el futbol sería una vergüenza.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

fútbol y religión











Eduardo Galeano se preguntó si el fútbol es el opio moderno de los pueblos, en una especie de parafraseada a Karl Marx, quien no dudó en proclamar que “la religión es el opio de los pueblos”. Galeano abundó en el tema y describió: “¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que el tienen muchos intelectuales”. No son pocos los puntos de contacto que tienen el fútbol y la religión: levantan odios y pasiones, tienen millones de adeptos y creyentes, y la fe juega un papel preponderante en ambas materias. Vale la pena conocer la relación que los une y los distancia.

Qué mejor que empezar hablando del Vaticano, la localidad de la Santa Sede, la casa del Papa Benedicto XXVI, reconocido fanático del Bayern Múnich. Tienen su propio seleccionado de fútbol, formada por miembros del Consejo Papal, hombres de la Guardia Suiza y del ejercito vaticano, aunque no están afiliados a la FIFA y apenas han disputado un puñado de amistosos. Juegan en el estadio Pío XII, ubicado en Roma y nombrado así en honor a quien fuera el Papa durante la Segunda Guerra Mundial.



Desde el 2007, tienen su propio certamen, la Copa Clerical, ideada por el actual Camarlengo, Tarcisio Bertone, fanático de la Juventus que llegó a ser comentarista en la radio. “El Mundial del Vaticano”, como se lo denominó, se juega en un campo de césped sintético en San Pedro (se puede ver de fondo a la Basílica) y cuenta con la participación de 16 cuadros de institutos católicos formados por sacerdotes y seminaristas de 25 naciones distintas. Como no podía ser de otra forma, entre los participantes de la primera realización hubo dos argentinos: el seminarista Agustín Villa y el padre Santiago Caucino.

El Redemptoris Mater se adjudicó las primeras dos ediciones y también llegaron a la final de 2008, cuando fueron vencidos por el Mater Ecclesiae. “La idea es reafirmar el valor educativo y pastoral del deporte, así como fortalecer los sentimientos de verdadera amistad y fructuosa convivencia”, contó Bertone, quien también llegó a comentar que el Vaticano no descartaba comprar un club para manejar y pregonar con éste el mensaje del cristianismo. Luego se retractaría y afirmaría que sería “irrealizable”. Incluso, se llegó a especular con que ya habían adquirido al Ancona para dicho proyecto, algo que fue desmentido.

Pero no todo es paz. En junio pasado, cuando Brasil logró derrotar a Estados Unidos y quedarse con la Copa Confederaciones, ya finalizado el duelo, los jugadores brasileños, liderados por Kaká, decidieron orar dentro del campo de juego para agradecerle a Dios el triunfo logrado. La actitud molestó al mandamás de la Federación de Dinamarca, Jim Stjerne Hansen. “La religión no tiene sitio en el fútbol, no podemos dejar que se meta en los estadios”, disparó Hansen. El mandatario de la FIFA, Joseph Blatter, escuchó a su par y se informó que, además de amonestar a Brasil, el organismo madre prohibiría los rezos y manifestaciones religiosas de los futbolistas durante el Mundial 2010. Así, le impedirían a Kaká mostrar su famosa remera de “Yo pertenezco a Jesús” o imposibilitarían a los musulmanes rezar en los estadios de Sudáfrica. La excusa, según un portavoz de la prensa de la FIFA, fue que “las sectas podrían utilizar el fútbol como publicidad”.

El guante fue recogido por Eddio Constantini, el presidente de la Fundación Juan Pablo II, quien retrucó: “Blatter y la federación de Dinamarca se equivocan. Es un error vaciar el fútbol de los valores éticos que la fe cristiana y la Iglesia católica defienden desde hace siglos. Espero que lo reconsideren”. Y agregó: “Sólo una revolución capaz de formar atletas y hombres podrá restituir al deporte el significado auténtico que violencia, dopaje, racismo y dinero amenazan con quitarle”. Medida polémica, más si el artículo 3 de los Estatutos FIFA menciona que “está prohibida la discriminación de cualquier país, individuo o grupo de personas por su origen étnico, sexo, lenguaje, religión, política o por cualquier otra razón, y es punible con suspensión o exclusión”.

La FIFA y el Vaticano no son los únicos que presentan desencuentros. El mismo Diego Maradona y su siempre labia sin filtro provocó un conflicto internacional cuando, en 2000, trató de ladrón al fallecido Papa Juan Pablo II. “Entré al Vaticano y miré el techo de oro. Y me dije: `¿cómo puede ser tan hijo de puta de vivir con un techo de oro y después ir a los países pobres y besar a los chicos, con la panza así hinchada?´ Ese día dejé de creer”, tiró el Diez, jamás diplomático, y añadió que había leído que en la Santa Sede “se traficaba con órganos, drogas y armas”.

Para rematar su visión sobre Juan Pablo II, pronunció: “Este chabón las tiene todas en contra, ¡encima fue arquero!”. Efectivamente para disgusto de Maradona, el Papa fue meta del Cracovia polaco y llegó a atajar en una liga amateur.


El contragolpe llegó a través del por entonces vocero del Arzobispado, Guillermo Marcó, quien pronunció que la Iglesia “constató con dolor los efectos terribles que la droga hace en una persona que, en este caso, antes fue creyente”.

Otro embajador de la pelota que tiene la lengua picante, como lo es José Mourinho, entrenador del Inter, desató otro cruce verbal con un representante de la religión musulmana. El portugués se quejó de que la práctica del Ramadán, rito musulmán que consiste en ayunar (abstinencia de alimentos, bebidas y relaciones sexuales) durante un mes desde el amanecer hasta la puesta del sol, debilitaba demasiado a su dirigido ghanés Sulleyy Muntari, y que debido a eso lo retiró del cotejo frente al Bari, a los 29 minutos del primer tiempo.

“El ayuno no debilita la forma física de un futbolista. Mourinho debería hablar un poco menos. Sabemos por el Instituto de Medicina del Deporte que la estabilidad mental y psicológica que da la religión puede ser un plus en el campo para un jugador”, fue la réplica del presidente de la Unión de Comunidades y Organizaciones Islámicas de Italia, Mohamed Nour Dachan. El mismo Dachan salió luego a solidarizarse con el DT neroazzurro, a quien le empezaron a llover amenazas de extremistas islámicos por sus dichos.

No todas son hostilidades. Es conocido el grupo de futbolistas que componen la organización Locos por Jesús o Atletas de Cristo, entre los que se encuentran jugadores que pasaron por el fútbol argentino, como los colombianos ex River Radamel Falcao y Jairo Patiño o el brasileño ex San Lorenzo Paulo Silas. En su portal web de Argentina, puede leerse: “Vivimos en un país en el que el deporte, especialmente el fútbol, es una pasión. El deporte es un lenguaje que traspasa las barreras sociales, raciales y hasta religiosas”. Sus metas son “ganar deportistas para el Señor y contribuir a la práctica sana y honesta del deporte”.

Entre sus miembros, también milita una figura mundial como Kaká, siempre dispuesto a dar su testimonio, a dejar ver su amor por Jesús en los mensajes de sus camisetas o en las inscripciones de sus botines, a llevar a cabo estudios bíblicos durante las concentraciones y a encabezar los grupos de oración de su selección. A los 18 años, sufrió una grave lesión en la sexta vértebra que amenazó con dejarlo cuadripléjico el resto de su vida. Pasó dos meses postrado en una cama, pero se recuperó. “Nunca voy a dejar de agradecerle a Dios. Cada uno recibe un don, y el mío ha sido jugar al fútbol”, testifica.

El ahora jugador del Real Madrid tiene entre sus actividades favoritas la lectura de la Biblia y escuchar la música del coro Gospel. Incluso, se propuso llegar virgen al matrimonio –“no es fácil aplicar las cosas escritas hace miles de años”-, y lo consiguió, sin caer en las garras de ninguna botinera. Deslizó que cuando abandone el fútbol, tal vez elija ser pastor evangélico. Su compatriota Felipe Melo también persigue un objetivo parecido y ya está estudiando para ser diácono.

En Chile, además del conocido conjunto Club Deportivo Palestino, creado por inmigrantes palestinos y que en sus principios sólo admitía a personas de origen árabe, también hay un cuadro ligado intensamente a la religión. Se trata del Club Social y Deportivo Cristiano Hosanna, del ascenso chileno, fundado en 1996 por el pastor y actual presidente Ítalo Frigori, quien expone: “No todos los que vienen al club son evangélicos, aunque sí deben dar testimonio de que son consecuentes en lo que creen“. Entre sus particularidades se destaca que sus jugadores oran antes y después de los choques, sus aficionados alientan con canciones religiosas, en cada infracción les piden perdón a sus rivales, no cuestionan las decisiones arbitrales, es obligación asistir a los estudios bíblicos de 15 minutos antes de cada práctica y les regalan biblias a sus contrarios, además de invitarlos a orar antes de la salida a la cancha. Algo parecido puede encontrarse en la Argentina con el Atlético Ministerio Evangelístico Dios es Amor Club, de Córdoba, que este 2009 cumplió 25 años de existencia.



Si hay alguien que da tela para cortar en este asunto, ése es Carlos Roa. Cuando el ex arquero se encontraba en pleno apogeo y el Manchester United estaba dispuesto a hacerse con sus servicios, decidió retirarse por primera vez. Había profundizado sus creencias y como miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, tenía prohibido trabajar los sábados. “Dios vale más que diez millones de dólares”, atestiguó. Un año más tarde retomaría la profesión. Su fe no cambió y siempre le agradece a Dios el haber podido vencer al cáncer testicular.

No hay que olvidarse de las famosas promesas de caminatas a Luján; las batallas que se arman en el vehemente clásico Celtic-Rangers, por diferencias entre católicos y protestantes; o la aparición del padre Juan Gabriel Ariascomo directivo de Racing. Como puede verse, el vínculo entre el fútbol y la religión es amplio, rico y variado. Pasiones, odios y fe.

Si tienes una plantilla de 24 jugadores y sólo puedes poner a 11,tienes 13 enemigos.Esos 13 enemigos tienes que multiplicarlos por cuatro: las esposas,los padres y los hijos de los suplentes…

John Benjamin Toshack (Ex jugador galés del Liverpool y entrenador)

martes, 26 de octubre de 2010

jueves, 21 de octubre de 2010

you'll never fly alone



Liverpool, sumido en una crisis deportiva, espera que uno de los Mega Dioses del Metal , Bruce Dickinson (IRON MAIDEN) , le traiga suerte en su próximo partido por la Liga Europa.

El club de la liga Premier inglesa señaló que Dickinson piloteó el avión del equipo hasta Italia para el partido del jueves contra Napoli por la Liga Europa.


El rockero le dijo al portal de internet del equipo que Liverpool es un club maravilloso y les deseó suerte en el encuentro.

Liverpool sólo ha ganado un partido por la liga Premier esta temporada, y el técnico Roy Hodgson le dará descanso a los titulares Steven Gerrard y Fernando Torres para el encuentro en Nápoles.

La prensa británica no pudo evitar burlarse de los problemas del club, y el diario The Guardian escribió que dice mucho de la penuria del plantel que la persona más famosa abordo era el piloto.

lunes, 18 de octubre de 2010

Romance intelectual con la pelota






"El goleador es siempre el mejor poeta del año", escribió Pier Paolo Pasolini, en la cumbre del romance entre la literatura y el fútbol. Camus había dicho que el fútbol le enseñó todo lo que sabía y el desprecio de los intelectuales por esa pasión se había superado cuando estalló una nueva polémica: ya no fútbol vs. cultura, o civilización vs. barbarie, sino literatura versus oportunismo editorial y venta. Además, cómo el fútbol devora la cultura genera"


Jorge Luis Borges fue el encargado de marcar la divisoria de aguas. Con lapidaria ironía, reformuló el "civilización y barbarie" sarmientino y sentenció en más de una entrevista periodística que el fútbol era "una cosa estúpida de ingleses... Un deporte estéticamente feo: once jugadores contra once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos". La frase hendía el cuchillo en el corazón de la patria futbolera y convocaba al escándalo. Pero más allá de la humorada —"una forma perversa de razonamiento; un cinismo que invalida todas las letras del mundo: Así, el Quijote no es otra cosa que un conjunto de letras negras sobre papel blanco", como lo definiría para Ñ Alejandro Dolina— el anatema borgeano selló la relación entre quienes practicaban el deporte de la literatura y los habilidosos en el arte del fútbol. Durante décadas —salvo excepciones— ambos mundos sucedieron en dimensiones paralelas. En forma esquemática podría resumirse de la siguiente manera: los escritores desdeñaban el fútbol y los futboleros huían de la literatura. La división también se experimentaba entre lectores e hinchas en una remake del divorcio original entre pueblo e ilustración aventado por Domingo Faustino Sarmiento. Pero la segunda mitad del siglo XX sería testigo de una plebeyización de la literatura —el periodismo fue gran artífice de este proceso— y decenas de literatos se volcarían a una producción mestiza gracias a la cual el fútbol ya no quedaría en "orsai" literario. Finalmente, a mediados de los noventa, la pelota ganó la batalla y hoy —a horas del mundial de Alemania— se asiste a lo que algunos denominan la futbolización del universo y de la que no puede escapar ni siquiera el apocado e íntimo mundo de las letras.

La mala relación entre fútbol y literatura se inició en 1880 cuando el escritor británico Rudyard Kipling (1865-1936) despreció a ese deporte y a "las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan". Y prácticamente desde esa fecha el desencuentro se hizo sostenido. Sin embargo, el recorrido de una buena biblioteca demostrará que no faltaron las gratas excepciones: en los años 20, el peruano Juan Parra del Riego y el argentino Bernardo Canal Feijóo escribieron "Penúltimo poema del fútbol" y Horacio Quiroga publicó "Suicidio en la cancha", un cuento sobre el caso real de un jugador de Nacional que se pegó un tiró en el círculo central de la cancha. De aquellos tiempos es el primer relato totalmente ficcional sobre fútbol en el Río de la Plata: la novela del francés Henri de Montherlant Los once ante la puerta dorada. En 1923, nada menos que en su meláncolico libro Crepusculario, Pablo Neruda escribió el poema "Los jugadores", y 12 años después, "Colección nocturna", incluido en Residencia en la tierra. Durante el primer medio siglo hubo escasos coqueteos de la literatura con el fútbol —una aguafuerte de Roberto Arlt sobre el Seleccionado Nacional y poco más—; quien entró a saco lleno en el tema fue el uruguayo Mario Benedetti con su ya célebre cuento "Puntero izquierdo", escrito en 1955, y publicado en el libro Montevideanos.

El llamado boom de la literatura latinoamericana se acercó al mundo del fútbol, no sólo desde la escritura sino también desde las tribunas. Tras un partido entre Junior y Millonarios, Gabriel García Márquez declaró: "No creo haber perdido nada con este irrevocable ingreso que hoy hago públicamente a la santa hermandad de los hinchas. Lo único que deseo, ahora, es convertir a alguien". Y el salvoconducto del futuro Premio Nobel dio resultados. Aunque, en realidad, ya por aquella época había salido del placard un gran número de escritores que se reconocían como hinchas de fútbol: el poeta gaditano Rafael Alberti —quien escribió "Oda a Platko", dedicada al arquero húngaro del Barcelona—, Miguel Hernández, Miguel Delibes, Manuel Vázquez Montalbán, Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Jorge Amado, Augusto Roa Bastos, Ernesto Sabato, Rubem Fonseca, Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Rivadaneyro y Alfredo Bryce Echenique.

Pero la literatura no sólo ha dado hinchas al mundo: también se ha enriquecido de ellos. Albert Camus, por ejemplo, aprendió cuando era arquero en Argelia que "la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Esto me ayudó mucho en la vida... Lo que más sé acerca de moral y de las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol". A la pelota se le debe, entonces, El mito de Sísifo, Los justos y La peste.

A partir de los años 60 y 70 la lista de escritores que se animaron a escribir sobre fútbol se acrecentó considerablemente: el poeta brasileño Vinicius de Moraes escribió un célebre poema al puntero Garrincha, el español Camilo José Cela, sus Once cuentos de fútbol, el mexicano Juan Villoro, un texto sobre el maracanazo —el día que Uruguay le ganó a Brasil la Copa del Mundo en el estadio Maracaná— titulado El hombre que murió dos veces, Humberto Constantini, su relato "Inside izquierdo", y Leopoldo Marechal, elige la tribuna de un River-Boca para lanzar la batalla del protagonista de Megafón o la guerra. Mientras tanto, en Europa, el austríaco Peter Handke ponía la piedra basal con su novela La angustia del arquero frente al tiro penal —que poco habla de fútbol, es verdad— pero tiene una de las definiciones más bellas de ese instante crucial en un partido.

Los años ochenta marcaron el fin de la separación entre el fútbol y las letras en la Argentina. Y eso ocurrió de la mano del periodismo gráfico: Osvaldo Soriano, Roberto Fontanarrosa y Juan Sasturain se convirtieron en la delantera implacable que se abocaba a escribir sin tapujos ni complejos sobre fútbol, primero desde las crónicas de prensa y el humor y, finalmente, desde la literatura.

Clásicos de esta etapa son los cuentos publicados en El mundo ha vivido equivocado, en el que el escritor rosarino incluyó los inolvidables relatos sobre fútbol como "Lo que se dice de un ídolo", "Memorias de un wing derecho", y "¡Qué lástima, Cattamarancio!". Osvaldo Soriano, por su parte, reunió en su libro Rebeldes, soñadores y fugitivos los memorables relatos como "El penal más largo del mundo" y "Maradona sí, Galtieri no". Y completa el trío de mosqueteros Juan Sasturain con la publicación de El día del arquero, que incluye el cuento "La poesía del chanfle al segundo palo". Al mismo tiempo, Alejandro Dolina coqueteaba con el fútbol desde sus Crónicas del Angel Gris que incluían "Apuntes de fútbol en Flores", una toma de posición respecto del tema: "En un partido de fútbol caben infinidad de novelescos episodios", sentencia la primera frase del cuento.

Pero si bien se produjo la irrupción del fútbol como componente de lo popular en el espectro de las letras, la relación seguía siendo distante. La crítica de la revista Babel al libro de Soriano fue lapidaria: "No se puede escribir literatura con el banderín de San Lorenzo enfrente", como recuerda Sergio Olguín, autor del libro El equipo de los sueños, una novela que entrecruza la adolescencia en un barrio del sur del Gran Buenos Aires con la literatura griálica, el fútbol y la figura de Maradona. "Siempre hubo una negación temática en la literatura argentina, huyó de lo popular, que muchos autores entienden como populismo. El fútbol fue siempre marginado por la crítica pero no por los lectores. Estados Unidos no tuvo este problema. Paul Auster y Don DeLillio escribieron sobre béisbol y no escandalizaron a nadie", asegura el autor de Lanús. Casualmente, Olguín viajará a Alemania mientras se juegue el Mundial, invitado por la editorial Suhrkamp para representar a la literatura argentina en los debates sobre fútbol y literatura que se realizarán en las ciudades sede del torneo.

Respecto de este desencuentro, Martín Caparrós, autor de Boquita, explicó a Ñ que "el anatema de Borges está relacionado con esa idea de los años setenta de que el fútbol es el opio de los pueblos, que engaña a millones de estúpidos a los que les pone, por delante de la lucha de clases, la lucha de cuadros. Esta posición se sintetiza perfectamente en Juan José Sebreli". En lo que podría caracterizarse con cierto sarcasmo como "sociología del centro al segundo palo" —la frase pertenece al presidente de River Plate, José María Aguilar— Sebreli sostuvo que "el acto de patear una pelota es ya de por sí esencialmente agresivo y crea un sentimiento de poder, amén de que la picardía de vencer al adversario basada en la trampa, la mentira, el disimulo, la zancadilla, tan alabada por todos los apologistas del fútbol como una forma de inteligencia natural y espontánea, no es sino una característica de la personalidad autoritaria". Sus libros Fútbol y masas y La era del fútbol le valieron al sociólogo la humorada de Sasturain, quien desde una reseña bibliográfica le espetó: "Sebreli, vos andá al arco".

Liliana Heker dice: "No hay un desdén de la literatura hacia el fútbol, no se puede generalizar; Borges no deja de ser Borges incluso cuando desdeña al fútbol. Pero muchos escritores son hinchas apasionados, no hay un rechazo particular en el gremio. Yo tengo una relación apasionada desde muy chica. Para la literatura es un campo interminable, ya que el deporte pone en juego conflictos muy interesantes", dice Heker, autora del cuento "La música de los domingos".

Claro que, desde los noventa, la relación entre fútbol y literatura se conjugó en un maridaje tan extraño y sospechoso como su anterior desencuentro. En un proceso de globalización del negocio del fútbol, la literatura acompañó ese devenir y también el mercado editorial. Hoy no se trata tanto de un acercamiento del arte a los sectores populares sino lisa y llanamente —con excepciones— de una operación de mercado. Primero fue el realismo político, luego la novela histórica y la literatura new age y actualmente el fútbol. "Es posible que se trate de una moda relativa —admite Olguín— pero la buena literatura no depende del tema que uno elija sino de una buena prosa, la construcción de personajes y una trama. La literatura futbolera es un gran negocio y alimenta al mercado pero seguramente pasará de moda".

Quien anda a los rezongos contra la nueva moda de la literatura futbolística es, sorpresivamente, un hombre que gusta practicar ese deporte y que a mediados de la década del ochenta escribió sobre el tema. Arrepentido, según sus propias palabras, de haber escrito sobre esos tópicos por haber transitado el paño sensiblero y el cliché, Dolina protesta porque "en esta relación de maridaje pierde la literatura. En los últimos años se produjo una futbolización del universo, una invasión del área del pensamiento en la que se utilizan una cantera de metáforas banales tomadas del juego, en el periodismo y en la literatura. Un género no se basa en una temática, porque lo que ocurre es que nace un género acrisolado —salvo en el caso de los buenos escritores— que consiste simplemente en exaltar los estados de ánimo de quiénes ven fútbol o quienes lo juegan. La metáfora más recurrida se relaciona con la guerra y la pasión, como padecimiento, pero esos escritos suelen dejar una melancólica sensación de que se trata de sentimientos construidos. Se busca una épica que trascienda largamente una vida con ausencia de emociones. Existe cierta demagogia en la literatura que exalta la pasión deportiva, una necesidad de contacto popular. Esta demagogia consiste en el hecho de que en ese encuentro entre el gran arte y lo popular, no asciende lo popular sino que desciende el gran arte. La operación consiste en que si el pueblo no lee a Flaubert, que lean a Coelho. El fútbol es un hecho interesante cultural y antropológicamente pero no es el gran arte. Es un tema, pero no se puede convertir en una superstición, porque se transforma en una patología literaria. Resulta conveniente no entregarse a la tentación y, en todo caso, si hay que imitar a Gardel hay que hacerlo no en la pronunciación de la eme como ere sino en su afinación".

Ante el torrente de publicaciones que anegó la industria cultural en los últimos años, una pregunta se hace evidente: ¿es obligatorio escribir sobre fútbol? Mempo Giardinelli cree que no. "Entre fútbol y literatura existe la misma relación que entre cocina y poesía, o filosofía y novela, o automovilismo e historia. No creo que haya nada esquemático, simplemente sucede que para mí la literatura es la vida por escrito. Y entonces puedo escribir lo que se me antoja. Nunca escribí sobre fútbol. Soy un narrador, y he escrito un par de cuentos de tema futbolero porque me pareció que podían ser narraciones eficaces. Mi relación con este deporte es como la de cualquier argentino: pasional, intensa, en lo posible festiva, pero no intelectual. Lo cual no impide que en determinado momento uno reflexione críticamente sobre las pasiones, intensidades, violencias y taras argentinas", dice el autor del clásico cuento "El hincha", escrito a principios de los ochenta.



Ideas similares profesa Pablo Ramos: "En literatura no debería haber nada más que lo que el escritor cree que debería. La mayoría de los cuentos sobre fútbol que se escriben se acercan a lo tanguero, a lo humorístico y reflejan una parte muy romántica del deporte. La otra, el negocio, la trampa, la decadencia del deporte cuando se hace profesional, es poco común. La literatura debe incluirlo todo, porque cada cosa contiene su propia literatura. El fútbol es danza y es cuerda floja cuando se lo juega como Riquelme, o cuando un pibe como el Tuna Agüero, cansado de jugar en la Villa Corina (la misma de mi novela El origen de la tristeza, de ahí es él) se enfrenta a los grandes con 17 años y les pinta la cara. Lo patean, se levanta y les vuelve a pintar la cara. Y el fútbol es horrible cuando viene un Mundial y nos olvidamos del desempleo, de la contaminación de San Juan con cianuro... Cuando es olvido es un veneno, es el opio de los pueblos", sostiene el autor del cuento "Celeste y roja", en el que el protagonista muere envuelto en la bandera de Arsenal de Sarandi.

Caparrós aporta un elemento original a esta controversia: "La literatura no tiene ninguna obligatoriedad respecto del fútbol. Existe una relación larga y fecunda de cierta narrativa desde hace 50 años. Hasta la televisión, había un 95 por ciento de aficionados deportivos que lo hacían desde el relato escrito o radial. Lo que constituye al fútbol en un hecho narrativo en sí mismo. Ahora el fútbol se ve, entonces, es muy complicado hacer un metarrelato, porque se trata de un relato en sí mismo. A mí el género de la literatura futbolística no me atrajo para desarrollarlo porque frente al relato del fútbol, lo demás es un metarrelato menor".

Amagando entre el consumismo snob, la demagogia pop-fashion (condensada en los palcos de la Bombonera) y cierta autenticidad popular que transitan algunas experiencias literarias, la narrativa futbolera estalló en los últimos 15 años. En Europa, el ejemplo más claro es la novela Fiebre en las gradas, del británico Nick Hornby, en la que relata su vida como hincha. Por estas costas, poco después de que el escritor uruguayo Eduardo Galeano escribiera Fútbol a sol y a sombra, la industria cultural parece haber encontrado una veta redituable: así, se sucedieron los libros de los ex futbolistas Jorge Valdano y Angel Cappa, y los libros periodísticos, émulos del Fútbol: dinámica de lo impensado, de Dante Panzeri. En el 2003 se produjo una nueva operación de acercamiento que consistió en la campaña "Cuando leés ganás siempre" y que consistió en la distribución gratuita de 50 mil cuentos todos los domingos. La última buena nueva fue el nacimiento de Ediciones al Arco, un legítimo emprendimiento para encausar la publicación de la literatura deportiva.

Ni siquiera la poesía pudo quedarse afuera del fenómeno. Washington Cucurto ha utilizado como materia prima para sus obras el imaginario popular para homenajear a Enzo Francescoli o Diego Maradona y en su poema Entre hombres, dice: "El fútbol es un deporte de hombres dulces / el fútbol es un deporte de hombres que se quieren con locura". Fabián Casas, por su parte, escribió Cancha rayada, en el que describe el regreso de un estadio luego de una derrota. Consultado sobre qué lugar tiene el fútbol en su obra, Casas respondió: "Ser hincha de San Lorenzo tiñó mi personalidad. En términos heideggerianos soy-un-ser-para-la-Copa-Libertadores".

Amalgamados, los dos géneros del arte caminan, finalmente, tomados de la mano. Quedan en el tintero algunas frases elegidas que definen con belleza irrefutable la belleza del fútbol. Javier Marías dijo que "el fútbol es la recuperación semanal de la infancia" y el intelectual comunista Antonio Gramsci lo definía como "el reino de la lealtad humana ejercida al aire libre". Con cierto tono meloso, el checo Milan Kundera escribía que "tal vez los jugadores tengan la hermosura y la tragedia de las mariposas, que vuelan tan alto y tan bello pero que jamás pueden apreciar y admirarse en la belleza de su vuelo". Por último, el multifacético Pier Paolo Pasolini dejó la mejor definición que la literatura pudo hacer de este deporte que remite a los juegos circenses de la Roma antigua: "El fútbol es un sistema de signos, por lo tanto es un lenguaje. Hay momentos que son puramente poéticos: se trata de los momentos de gol. Cada gol es siempre una invención, es siempre una subversión del código: es una ineluctabilidad, fulguración, estupor, irreversibilidad. Igual que la palabra poética. El goleador de un campeonato es siempre el mejor poeta del año. El fútbol que produce más goles es el más poético. Incluso el dribbling es de por sí poético (aunque no siempre como la acción del gol). En los hechos, el sueño de cada jugador (compartido por cada espectador) es partir de la mitad del campo, dribbliar a todos y marcar el gol. Si, dentro de los límites consentidos, se puede imaginar en el fútbol una cosa sublime, es ésa. Pero no sucede nunca. Es un sueño". Pasolini, obviamente, no había visto jugar a Diego Maradona. A pesar de desmentidas por el segundo gol del "Diez" a los ingleses, sus palabras están llenas de verdad poética. Pero de eso podría tratarse este desencuentro entre las letras y la pelota: Maradona tampoco había leído a Pasolini.

ROBADO DEL CLARÍN DE BUENOS AIRES.